La oposición

Me considero una persona política. Porque, la política importa. A veces, parece que no. Sobre todo cuando no eres representado, piensas que mejor ve por ti y sal adelante tú, que estar pensando en lo que los ladrones políticos quieran hacer. Creo, siento, pienso, que hay un gobierno que me representa. El tiempo dirá con que certeza tengo ese pensamiento. Pero ahora, siento que mi voto importó, que mi votó importa, que quién soy, políticamente, importa. Que el gobierno, es mi gobierno.

            La oposición no parece entender esto. Entiendo que le lleven la contra a nuestro gobierno; es el único camino que tienen. Pero, no les importamos nosotros, los votantes de la actual administración. No van por nuestro voto. No nos pelean. Les valemos. Y no sólo eso, nos insultan, nos agreden, nos menosprecian. ¿Será que no se esperaban este desenlace? Es sabido que los medios corporativos están de su lado, pero también es bien sabido que están muy desprestigiados. Y no han hecho más que hundirse más entre ellos; en vez de ayudarse a flotar, se han ayudado a ensuciarse unos a otros.

            Pero sí, soy una persona política con temor al futuro, con temor a una oposición cada día más radicalizada, más fanatizada, menos abierta al diálogo de la realidad que sucede en el país. Una oposición que fue instruida a que le roben, a que le quiten, a que no la representen; pero que, a pesar de eso, prefiere lo pasado a lo nuevo. Lo nuevo no es perfecto. Entre ineptitudes y desaciertos, podemos hacer una larga lista. Pero, hablando por mí, se lo perdono por el sólo hecho de hacerme sentir representado.

            La oposición, los adversarios, los otros, tienen el dinero, el poder y las ganas de joder. Eso es lo que yo creo. Y también por eso temo al futuro.

Deja un comentario