Me considero una persona de izquierda. No siempre he sido así. Nací en una familia profundamente conservadora, por lo tanto, panista. Sin embargo, por rebelde o por lo que sea, desde que llegué a la Ciudad de México en el 2002, me identifiqué con la persona de Andrés Manuel López Obrador. Una figura que mi familia criticaba, y critica a la fecha, arduamente.
Pero yo no. Yo no seguí ese camino. En fijarme, y cuestionarme las críticas que le hacían, descubrí en él un líder a quien seguir. Y así ha sido por más de veinte largos años. A los logros que nos ha llevado Andrés, nunca los imaginé.
Sin embargo, a menudo me pregunto, ¿Soy un borrego? ¿Soy parte de una secta? ¿Mi fervor se asemeja, al fervor de un entusiasta de algún deporte o deportista? No lo sé.
Esto, me lleva a una reflexión. Poco se habla del Andrés mercadólogo. ¿Qué producto vende él? ¿Qué idea le compramos muchos? La de un mejor país, la de desterrar a los corruptos, la de tener un gobierno operante. Quizás no hace ninguna de estas cosas, como sus adversarios afirman, pero él las ha vendido, y las ha vendido muy bien.
Ahora, ¿Estamos hablando de un charlatán? Veamos. Yo, lo que he visto, es un gobierno de izquierda, que gobierna la capital desde hace muchas décadas, incluso antes que Andrés llegara. Él recibe un movimiento, bien dirigido, bien cohesionado, con mucho capital para trabajar, y de ahí él le sigue. Pero, gobernando la ciudad, la izquierda mexicana demostró que podía y quería gobernar mejor. Con hechos. No con palabras. También usó las palabras para criticar a los opositores, que, rápidamente, construyeron un gobierno de ladrones, acostumbraron al mexicano a no prosperar y crearon miles de barreras para que México pueda salir adelante.
Y es donde estamos ahora. Brincando esas barreras. Enfrentando nuevos retos, nuevos obstáculos, pero con mucho más recorrido que antes y, sobre todo, con mucho más triunfos que antes. El pueblo, que es muy amplio, quiere salir adelante, y casi todos, pertenecen a la secta de la bien llamada cuarta transformación. Una secta benigna, funcional, que busca sacar adelante un país que deliberadamente fue hundido en la decadencia.
Porque eso lo vimos todos. Nadie defiende a lo pasado. Ni los que critican lo de ahora. Ahora, con palabras, quieren convencernos de que este gobierno no funciona y que debemos irnos con la alternativa que sin demostrar ni proponer, busca recuperar votantes perdidos. Esa secta, disfuncional y perversa, oculta sus verdaderas intenciones, que son las de oprimir a la mayoría para beneficiar a una ambiciosa minoría.
¿Quiénes han resultado ser los que no pueden dejar el poder? ¿Quiénes han resultado ser los que no aceptan ideas diferentes a las suyas? Los adversarios de López.
Todos debemos creer en algo, es lo que nos mantiene activos. Alguna vez leí en algún lugar la frase anterior. Y la creo. Creo, que creer en algo nos ayuda. Yo creo que México está saliendo adelante. Creo que México está saliendo de la decadencia. Creo que México está en camino a mejorar sus condiciones de vida sustancialmente. Toma tiempo, y la batalla no se libra en un sexenio. Pero eso creo. ¿Me lo vendieron? ¿Lo veo? ¿Me consta? Son preguntas que me tengo que hacer constantemente. Y persigo esas respuestas, como espejismos en el desierto, para así, todos los días, despertar en la misma secta.

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