A veces pareciera que la vida es como el juego de Assassin’s Creed. Me explico. El juego trata sobre dos sociedades secretas que están en lucha por el control del mundo. Una de las sociedades, busca el poder a través del miedo y la oscuridad; y la otra, en función de la libertad y la luz. Tú, como jugador, eres parte de la segunda.
Bueno. Yo siento que el mundo es eso, aunque quizás sin las sociedades secretas. O quizás sí, no sé. El asunto es que unos buscan el bienestar general, otros la opresión de las mayorías (estoy hablando de México). Y cada bando tiene sus herramientas y sus limitantes. Los que buscan el control en base a no compartir y oprimir, cuentan con, prácticamente, dinero infinito, los medios de comunicación masiva y una base social con temor a perder sus privilegios, por más escuetos que estos sean.
El otro equipo, cuenta con la mayoría de la población. Que, organizados (que en México lo están), les da el control democrático del país. Esta unión del pueblo está pegada con baba y, los opositores buscan dividirla por todos los medios posibles. Sin embargo, el tiempo que dure está unión, será el tiempo que el pueblo coseche victorias para mejorar su calidad de vida.
Ahora bien. ¿Por qué las élites son tan voraces y egoístas? Esta es una pregunta que me hago yo. ¿No podríamos vivir todos en paz? En armonía. ¿Cuál es la necesidad de tenerlo todo infinitamente?
Esta opresión a las mayorías, este desprecio al bien común, es algo que está de moda en el mundo. Es como si las élites mundiales estén despertando a su posición de privilegio, y quisieran aplastarnos para siempre. México es un país que va a contracorriente en esto. No están ganando.
¿A qué se debe? Bueno, mi interpretación personal es que el líder de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador, es una persona muy brillante. Y, los líderes de las élites en México, no tanto. O, al menos, no han podido por lo que usted guste y mande.
Andrés Manuel es una persona curtida en la adversidad. Sus adversarios están acostumbrados a ir a favor de la corriente. Con el triunfo democrático de la izquierda en el 2018, estos papeles se invirtieron, y se nota. Creo yo.

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