Hubo un día, que peleando con mi hermano, le dije fascista. Se molestó de sobre manera. Al grado que retiré lo dicho. Ser fascista no es bueno: nadie quiere ser fascista; creo. Otro día, con un compañero de trabajo, cenando, le pregunté sobre el nuevo fascismo, y me dijo: el viejo fascismo es el nuevo fascismo. Y yo me pregunto, ¿será?
No creo. El nuevo fascismo está disfrazado de ser interesante, atractivo, novedoso. No de ser viejo y militar. Es difícil atraparlo en palabras, pero me da la impresión que es más económico que ideológico. Porque, como bien sabemos, atrás de muchas ideas hay mucho dinero.
No sé ustedes, pero yo sí, a veces, siento que hay cosas que no puedo decir (como esto que estoy escribiendo ahora), sólo pensar, y con algo de vergüenza. Y no porque sean cosas agresivas o irrespetuosas con otros, o porque estén completamente fuera de lugar. Simplemente no están a la moda, o su moda es no decirlas. A veces siento que el poder, el verdadero poder, al menos en occidente, sabe algo que nosotros no sobre la condición humana. Sobre cómo somos. Porque cada día me parece que estamos más acotados, menos libres y más temerosos.

Deja un comentario