Andrés Manuel López Obrador es, creo yo, el Lionel Messi de la izquierda. Nos ha dado triunfos que nunca imaginamos obtener. Nos ha llevado a alturas difícil de superar. Y ahora, se va a retirar. Todo lo que empieza debe terminar. Se viene la sucesión y lo único tangible es que iremos para abajo, no por desprecio o falta de fe en sus posibles sucesores, sino simplemente porque López fue muy inteligente, muy capaz y muy trabajador. Sí, como todos, flaqueo en muchas áreas, pero fácilmente se compensaron con las que sobresalió.
Sin embargo, también deja un legado. Un legado de unión y consciencia. Que no es poca cosa. Y este legado debe ser suficiente para enfrentar los retos del futuro. Que no serán pocos. Ni menores. Serán, quizá, hasta más difíciles de los que enfrentamos bajo su liderazgo. Ahora bien, con estos recursos que deja debemos poder hacerles frente.

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