Revolución pacífica

Yo estoy convencido de que formo parte de un movimiento que está ejecutando una revolución pacifica en el país. Es lo que creo. Sé, de antemano, que me lo vendieron. Pero lo creo de a verdad. Una revolución que busca que el país sea un mejor país. Una revolución que busca quitarnos de encima a unos bandidos como pocas veces ha habido. Bandidos que mienten sobre sus mentiras, que tergiversan la realidad, para engañar y seguir robando. Bandidos que sólo buscan oprimir a la sociedad lo más posible, hasta quién sabe qué límites.

            Lo digo porque es tiempo de definiciones. Y aunque hay turbulencias fuertes confío en que este movimiento, en el que creo, llegue a buen puerto. Me sorprende los obstáculos que se han tenido que brincar para llegar a donde hemos llegado. Sin embargo, a pesar de todo lo que se ha logrado, falta mucho por avanzar. Muchas batallas que librar y muchos rivales que vencer. Es extraño ver la vida política así, pero así es.

            Por muchos años pensé que estábamos derrotados. Que no había posibilidades. Esto me da esperanzas.

            Nuestros adversarios mienten. Nos quieren destruir. No les hemos hecho nada, sólo queremos un país libre, libre de ladrones. Eso les basta para atacarnos. Lo hacen con fiereza y vehemencia. Nos queda la unidad.

            De los grandes legados que nos dejó López Obrador es ese, el entender la estructura de poder y organización de los conservadores. El cómo se mueven y por qué, nos es de utilidad a todos. Poder verlos con claridad, con transparencia, nos hace más fuertes. Aunque sí, sus mentiras me duelen.

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