Tengo una impresión. A cinco años del gobierno de López Obrador, tengo las siguientes sensaciones sobre la oposición. Creo, sin temor a equivocarme, aunque igual sin ninguna prueba, que este fue su juego sucio para regresar al poder.
En tiempo compartido hay un concepto que se llama: cambiarle la cara al cliente. Es decir, cuando al que se le quiere vender ya no quiere nada, está harto, y busca por todos los medios irse, el vendedor le dice que sí, que claro, que por supuesto, que sólo le regale un momento para hacerle una encuesta de calidad. Que, pequeño detalle, se lo hará otra persona. Entonces le cambian la cara del vendedor, y éste, al empezar a hacerle la susodicha encuesta de calidad, en breve, le empieza a volver a tratar de vender.
No es una táctica con un alto grado de éxito, pero sí que tiene algo. Ese poco, es suficiente como para tomar en cuenta esta estrategia.
¿Qué pasó en el 2018? Pues que la sociedad estaba harta, cansada, desesperada, de tanto saqueo, cinismo de los políticos, que votó masivamente por Andrés. ¿Y qué pasó después?
Pues, sencillamente, que ni las caras nos cambiaron. Nos inventaron la mentira de que AMLO es un dictador, un tirano, un desquiciado, y nos invitaron a odiarlo como ellos lo odian.
Y aquí es en donde radica su estrategia: en regresar, los mismos, como liberadores de la patria. Es decir, vieron este sexenio como una oportunidad de purificarse, de renovarse, aunque de mentiras, sí ante los ojos del público. Y así, en el 2024, regresar a las andadas como si nada, con tiempo indefinido por delante para seguir robando.
Nos toman como unos idiotas. No. Nos toman como unos zopencos que pueden manipular a placer. Hasta furia me produce el pensar como me piensan. En fin.

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