Los traumas

Ser de izquierda no es cosa fácil. La corriente es muy adversa, y lo ha sido por mucho tiempo. La hegemonía política, ideológica y económica ha gobernado con mano de hierro por ya muchos años.

            Recordemos, por no ir muy lejos, o sí, no importa, lo sucedido en Chile con Salvador Allende, Víctor Jara y Pablo Neruda: asesinados los tres, bruscamente, por una dictadura militar orquestada por los norteamericanos.

            Asesinados. Por pensar diferente, por ser diferentes, por ser de izquierda. Por querer el bien común.

            No haré una lista, porque además no la conozco ni tengo el tiempo de hacerla, de todos los casos similares a ése. Pero los hay. Y muchos.

            El capitalismo, que no acepta ideas opuestas ni conversaciones incómodas, se ha vacunado contra la izquierda relegándola a los confines de las ideologías. Es decir, ser de izquierda, es ser un ser limítrofe con lo feo, con lo desagradable, con lo revoltoso, con lo caótico, con lo no aceptado por las buenas costumbres y modales.

            Y estamos ahí, porque sino nos asesinan, literal. Quizá ya no, por ahora. Pero salir de esos traumas está siendo difícil. Llevamos muchos años atrás. Muchos años detenidos. Muchos años traumatizados.

Deja un comentario