Fui a ver a las mariposas monarcas, y, como es mi objetivo, entrevisté a la guía de nuestro recorrido. Debo decir, que el viaje vale mucho la pena. Se sube una montaña –yo apenas pude–, y hasta arriba se puede observar a las mariposas en todo su esplendor.
Ya de regreso, descansando, yo quise saber más de nuestra guía, Juana Guadarrama, y le hice algunas preguntas, a lo que ella aceptó gustosa.
Ella vive a cinco minutos de Valle de Bravo, en un pueblito que se llama San Mateo. Me cuenta que todos los que trabajan en los recorridos turísticos viven ahí. Algo que me parece interesante, ya que trabajan entre 600 y 700 personas. El pueblo es de 5 mil personas, algo que ella considera, un pueblo grande. Yo soy de Cancún, y siempre pensé que era un pueblo chico.
Juana, como muchos mexicanos, sólo estudio primaria y secundaria. Por cuestiones económicas no pudo seguir sus estudios. Yo sé que tiene un trabajo digno. Ser guía de turistas, y, además, de un lugar tan bello como el santuario de las mariposas monarcas, es algo increíble. Sin embargo, no deja de ser triste que por dinero, muchas personas se queden sin la oportunidad de estudiar. Ella, en particular, sufrió económicamente por el accidente de su padre. No deja de ser una realidad, que con más y mejor educación pública, ella pudo haber seguido.
En su pueblo, Juana vive de lo que siembran, como habas, papa, chícharo, maíz y frijol. Y lo comen y lo venden.
De igual forma, comenta que el gobierno los ayuda, con breves matices, pero el municipio ayuda con becas.
El padre de Juana habla Náhuatl. Lenguaje que ella no habla por completo, pero del que sabe algunas palabras. Muchas personas están perdiendo sus idiomas originales por el enorme desuso en el que están éstas.
Valle de Bravo es un lugar de gente privilegiada económicamente. Y la derrama económica que le da de vivir a Juana es suficiente para que ella subsista, sin embargo, la vida puede ser mejor.

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