¿Cómo avanzamos a dónde vamos? ¿cómo nos encauzamos a nuestro perenne devenir psicológico como especie?
Nos van predisponiendo. Con historias distópicas y anarco-capitalistas, van terminando con nuestras esperanzas de un futuro mejor.
Nos hacen sentir que no hay otra opción, que no hay otro camino. Cuando claro que los hay, por supuesto que existen. Pero hay intereses muy serios de que no queramos o no sepamos o no pensemos (¿imaginemos?) otros futuros más benevolentes para nosotros.
Imaginémoslos; seamos osados; seamos divergentes. Aunque ser eso hoy día es algo radical, debería ser lo normal.
Pensemos en futuros donde el dinero no lo sea todo. Donde la avaricia corporativa no corrompa todo, donde los políticos no abusen de su votos y donde la paz y la armonía sean una realidad a la que, quieran o no, nos vayamos encauzando, perenemente.

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