La lucha por ser el más fuerte no tiene tregua. Y los que ni concursan en esa lucha, no tienen más que las palabras para expresarse. Y, como todo radica en quién es el más fuerte, éstas no tienen tanto peso.
No parece que evolucionemos. No parece que mejoremos. La idea de que el más fuerte gana, no tiene sentido. Es cierto, la tecnología sigue avanzando. Y el que la domine, domina al mundo. Pero no deberíamos vivir sólo para la tecnología.
No deberíamos vivir sólo para las máquinas. Deberíamos vivir para nosotros, con el habla poder entendernos; arreglarnos.

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